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El duelo es un proceso psicológico por el que todos en algún momento de nuestra vida pasamos. Sin embargo, cuando reprimimos o evitamos estar en esta situación puede llegar a complicarse y pasar a ser un duelo patológico.

No obstante, hoy, os vamos a hablar del proceso de duelo normal que todos experimentamos para acercaros un poquito mas este proceso que se vive un tanto estigmatizado e incluso es tabú.

¿Qué es un duelo?

Un duelo es un proceso que experimentamos cuando se produce algún tipo de pérdida ya sea el fallecimiento de algún familiar o mascota, la pérdida de empleo, cambiar de casa, país, o ciudad de origen, etc.

Características de este proceso

Aunque pensamos que el duelo es una situación desagradable es un proceso normal y necesario. Es una herramienta que tiene nuestra mente para poder adaptarse a la nueva situación presente.

Por otro lado, el duelo requiere de tiempo y paciencia. El duelo no es un proceso que se supera, acepta de la noche a la mañana. Requiere de un tiempo que para cada persona será diferente. Tú puedes aceptar y adaptarte a  la pérdida de un familiar en 6 meses por ejemplo, pero otra persona puede tardar 1 año en hacerlo. Y ESTÁ BIEN. 

El duelo es un proceso inevitable. Por mucho que intentemos hacer esfuerzos por no experimentarlo, no sentir todo el elenco emocional que pueda traer consigo es imposible. Porque, si hacemos esto, tarde o temprano saldrá por otro lado y será necesario atenderlo.

Las tareas del duelo

Seguro que te choca leer esto porque estarías esperando que te hablásemos de las fases del duelo. Pero no. Las fases del duelo fueron descritas por la psiquiatra Elisabeth Klüber-Ross en las que actúan como un marco en el que los terapeutas poder movernos: negación o shock, ira o rabia, negociación, depresión y aceptación. 

Sin embargo, William Worden elabora una serie de tareas del duelo. De esta manera, hace a la persona que vive la pérdida alguien activo en su proceso y no un mero personaje pasivo en algo que es propio. Esto conduce a la elaboración de duelos mucho mas sanos y previene la cronificación del propio duelo.

    1. Aceptación de la realidad de la pérdida. Consiste en tomar conciencia de la realidad en la que la persona vive ahora. La persona vive una sensación de incredulidad que se resolverá en poco tiempo.
    2. Expresión emocional. Es muy importante que la persona exprese todo lo que siente, que no reprima. La persona reconoce, habla de ello intentando no evitar todas las emociones que surgen. Sentir ese dolor, aceptarlo, acogerlo.
    3. Adaptarse a un medio en el que el fallecido o la pérdida está ausente. En este caso, dependerá de la pérdida y del vínculo que tuviésemos. Así, la persona se adaptará en función de como influye esta pérdida: si afecta a sus valores, creencias, rutinas, hábitos, responsabilidades, etc.
    4. Recolocar emocionalmente al fallecido y seguir viviendo. La persona continua su vida sin que el dolor que siente por la pérdida le impida hacer una vida normal, sin que le impida experimentar emociones y momentos agradables.

¿Cuándo pedir ayuda?

En ocasiones no es necesario acudir al psicólogo para elaborar un duelo. Algunas personas poseen herramientas y recursos necesarios para afrontarlo y adaptarse a la nueva situación. Sin embargo, a veces, necesitamos que alguien nos acompañe en este proceso natural y normal de la vida.

Por ello, desde Espacio Calenco, hemos decidido acompañarte en este proceso. Pero en uno muy particular, acompañarte en el duelo que puedas estar pasando por la pérdida de tu mascota.

Puede que haya ocurrido recientemente, puede que haya pasado ya un tiempo, o incluso años pero quieras trabajarlo porque sientes que lo necesitas.

Te invitamos a unirte a nuestro grupo de apoyo donde de manera semanal podrás juntarte con personas que se encuentran en la misma situación, sentirte comprendida y arropada, expresar todo lo que sientes ante este momento. Juntas expresaremos todas esas emociones, guiándote para elaborar un duelo sano. Porque ellos, son igual de importantes que cualquier otro familiar, porque son nuestra familia.

Escrito por: Leyre Villelga Marquez. Psicóloga especializada en Neuropsicología Clínica, Duelo y Neuromarketing. Terapeuta Psicoexpresiva.

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