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El uso del mandala en nuestra cultura se ha hecho muy popular. Tanto, que casi ya forma parte de nuestro día a día. Pero, ¿conoces todo sobre ellos? Hoy queremos contarte algunas cosas acerca de ellos.  

¿Cuál es el origen de los mandalas?

Los mandalas tienen origen en las culturas indias y tibetanas. Son considerados arte sagrado y su uso principal es la meditación, aunque también son entendidos como símbolos de sanación, totalidad, unión e integración. 

 

En occidente, pintar y colorear mandalas se usa como un recurso para combatir la ansiedad, el estrés e incluso la depresión.

 

¿Por qué utilizar mandalas en procesos terapéuticos?

Por otro lado, otro uso importante de los mandalas es la expresión emocional a través de una actividad artística, creando el mandala desde cero, generando los diagramas, las líneas y filigranas que lo compondrán para finalizarlo con la explosión de color.

 

Cada línea, cada trazo, los colores escogidos son un reflejo del estado de ánimo del momento.

Siendo esta una manera de escucharse a uno mismo, cuidarse y atenderse.

 

Los mandalas, una herramienta muy poderosa

Como hemos visto, los mandalas son una herramienta muy versátil. En arteterapia, también se suelen utilizar tanto para la expresión emocional como para la relajación.

Es más, también se pueden utilizar como una forma de meditación. 

Al igual que pasa con la relajación, solemos tener cierta dificultad para practicar la meditación. Suele costarnos dejar la “mente en blanco”. Estamos constantemente pensando en lo que vamos a hacer dentro de cinco minutos, mañana, dentro de un mes o incluso dentro de un año.

Nos hemos desvinculando, preocupantemente del presente. 

Pero, los mandalas nos ayudan a ello. A desconectar. A vivir el aquí y el ahora. Centrarnos en la tarea que estamos haciendo. 

El ying y el yang

 

El Ying y el Yang; la oscuridad y la luz, lo femenino y lo masculino, la tierra y el cielo, lo emocional y lo racional. Uno no puede existir sin el otro y, en consecuencia, la base del desarrollo personal está en encontrar un equilibrio entre ambos.

 

Nuestras emociones nos guían y nos dan información, nuestra razón nos ofrece la forma de dar respuestas adecuadas y positivas para nosotros mismos y nuestro entorno, proporcionándonos el ansiado estado de calma.

 

Texto e imagen: Alejandra F. Aladro, psicóloga experta en terapia familiar sistémica y en psicología emocional, practicante de la arteterapia.